Este artículo está escrito para quien tiene que explicarle el juicio al directorio, al auditor o al banco. Es una mirada financiera, no contable ni legal: el tratamiento específico de tu caso lo define tu auditor, y las normas se aplican caso a caso.
Dicho eso, hay una asimetría en cómo se registran los litigios que casi nadie tiene presente al decidir si demandar, y que explica bastante del comportamiento de las dos partes.
La asimetría: el que pierde provisiona, el que gana no reconoce
Bajo las normas IFRS que aplican en Chile, un demandado que probablemente va a tener que pagar reconoce una provisión: un pasivo, con cargo a resultado, cuando la obligación es probable y se puede estimar de forma confiable. Le duele en el estado de resultados y le queda a la vista de todos.
Un demandante con el mismo caso, visto desde el otro lado, tiene un activo contingente. Y los activos contingentes no se reconocen. Se revelan en nota solo cuando el ingreso es probable, y recién se registran cuando la entrada de beneficios es prácticamente cierta, que en la práctica suele significar sentencia firme o acuerdo suscrito.
El criterio es deliberado —la contabilidad es prudente por diseño y no permite anticipar ganancias inciertas— pero tiene una consecuencia concreta para quien demanda:
El costo del juicio entra a resultado de inmediato. El beneficio esperado no entra nunca, hasta que se concreta.
Los honorarios, peritajes y tasas se reconocen como gasto del período en que se incurren. El eventual cobro no aparece por ninguna parte. Durante todos los años que dure el proceso, un caso ganador se ve en los estados financieros exactamente igual que un caso perdido: como gasto.
Qué significa eso en la conversación real
Significa que el gerente de finanzas que impulsa un juicio está firmando un deterioro visible de su propio resultado a cambio de un beneficio que no puede mostrar. Es una posición incómoda y explica decisiones que desde afuera parecen irracionales.
Explica, por ejemplo, por qué muchas empresas transan por debajo del valor del caso al cierre del ejercicio: el acuerdo convierte un gasto recurrente en un ingreso reconocible ahora. También explica por qué el juicio es lo primero que se corta cuando el año viene apretado, sin que nadie evalúe realmente si el caso era bueno.
Y explica algo del otro lado. Para el demandado grande, la provisión ya está tomada. Su resultado ya absorbió el golpe hace ejercicios. Sostener el litigio dos años más no le cuesta lo que le costaría al demandante, porque el impacto contable ya ocurrió. Es una de las razones —además de la caja— por las que el tiempo pesa distinto para cada parte.
Las tres cifras que conviene tener antes de ir al directorio
El costo total estimado hasta el final. No lo gastado ni lo del próximo trimestre: el costo completo hasta sentencia firme y ejecución. Está desglosado por partida en lo que cuesta un juicio en Chile, y para casos arbitrales en lo que cuesta un arbitraje en el CAM Santiago. Un directorio que aprueba un juicio sin este número lo va a reevaluar cada año, que es la peor forma de sostener un litigio.
El monto recuperable, no el demandado. Son distintos. Lo que importa es lo que la contraparte puede efectivamente pagar, descontado el tiempo que va a tomar cobrarlo.
La proporción entre ambos. Si el costo del proceso representa una fracción significativa de lo recuperable, el caso puede tener razón jurídica y no tener sentido económico. Es mejor descubrirlo en la planilla que en el año tres.
Qué cambia con capital de un tercero
Cuando el litigio lo financia un tercero que cobra solo si se recupera, el efecto sobre los estados financieros cambia de naturaleza. El gasto del proceso deja de salir de la caja de la empresa, y lo que queda es una participación sobre un resultado que todavía no existe: una obligación condicionada a que haya recuperación.
El tratamiento contable exacto depende de cómo se estructure el contrato y lo determina tu auditor —no hay una respuesta única y sería irresponsable dar una aquí—. Lo que sí es general es el efecto de gestión: el juicio deja de competir todos los años contra el presupuesto operacional, y la decisión de sostenerlo o transarlo vuelve a tomarse por el mérito del caso.
Para quien tiene que defender esa decisión frente a un directorio, ese suele ser el punto: no se trata de que el juicio salga gratis, sino de que deje de ser una sangría anual que hay que justificar de nuevo en cada presupuesto.
Una advertencia
Nada de esto convierte un caso malo en uno bueno. Si la contraparte no tiene patrimonio, si el monto en disputa es chico o si el mérito jurídico es dudoso, la estructura financiera no lo arregla. Los criterios con que se evalúa un caso están publicados enteros, incluidos los que nos llevan a decir que no.
Quién escribe
Ignacio Errázuriz Cruzat es socio fundador de Financia Tu Juicio. Ingeniero Comercial de la Pontificia Universidad Católica de Chile y MBA de UC Berkeley (Haas). Antes fue CFO y CHRO de Toku, y trabajó en Falabella y en BCG. Evalúa cada caso junto a José Tomás Lagos, abogado PUC y LL.M. de Columbia Law School.
Esto es análisis general sobre financiamiento de litigios, no asesoría legal. Para tu caso, la opinión que corresponde es la de tu abogado.
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