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Justicia para Todos: Cómo los Fondos de Litigación Están Cambiando el Juego

  • Foto del escritor: Ignacio Errazuriz
    Ignacio Errazuriz
  • 13 ene
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 20 ene

Tener la razón no siempre es suficiente.

En la práctica, muchos conflictos legales no se resuelven por el fondo del caso, sino por algo más básico y menos visible: quién puede financiar el conflicto el tiempo suficiente. En ese punto aparece el financiamiento de litigios y arbitrajes en Chile, como una herramienta que permite que casos con mérito jurídico puedan avanzar sin que la billetera sea el factor decisivo.


Cuando los costos se vuelven prohibitivos, incluso casos sólidos terminan abandonados, transados en condiciones desfavorables o nunca llegan a discutirse en serio. Ahí es donde la justicia deja de ser un derecho y pasa a parecer un privilegio.

Dinero en efectivo representando el financiamiento de litigios y arbitrajes en Chile

Cuando el problema no es el caso, sino el costo

Pensemos en una situación habitual: una empresa mediana enfrenta un incumplimiento contractual relevante por parte de una contraparte mucho más grande. Tiene los contratos, los correos, los antecedentes. El caso existe. El derecho también.


El problema aparece cuando se pone el número sobre la mesa.


Litigar —y especialmente arbitrar— cuesta dinero. Y no poco.


En Chile, los honorarios del árbitro en un arbitraje administrado pueden parecer razonables en cuantías medias, pero escalan rápidamente a medida que aumenta el monto demandado. Un arbitraje por cuantías bajas o medias puede implicar decenas de UF en honorarios del CAM, pero en disputas grandes —decenas o cientos de miles de UF— ese costo puede subir a miles de UF, solo en honorarios arbitrales.


A eso se suma el costo más relevante: los abogados.


El costo real de los abogados (y por qué suele subestimarse)

En la práctica, es difícil que un arbitraje serio cueste menos de 100 UF en honorarios legales, incluso en casos relativamente simples. Desde ahí, el rango crece rápido.


En conflictos medianos, los honorarios pueden situarse fácilmente en cientos de UF, y en disputas grandes o altamente complejas no es raro ver estructuras que llegan a varios miles de UF, dependiendo del tamaño del juicio, su duración, la cantidad de pruebas, peritajes y el nivel de especialización requerido.


Dicho de forma simple: el costo legal no tiene un techo bajo, y en muchos casos se vuelve incompatible con la caja disponible de quien tiene la razón.


Ahí es donde aparece la pregunta que define todo el proceso:

“¿Cómo pago este juicio o arbitraje si no tengo el dinero hoy?”


Qué hacen los fondos de litigación (y por qué cambian la ecuación)

El financiamiento por terceros —o third party funding— surge precisamente para resolver ese problema estructural y hoy es una industria consolidada a nivel internacional.


Un fondo de litigación financia total o parcialmente los costos de un juicio o arbitraje y asume el riesgo económico del proceso. Solo recupera su inversión si el caso tiene éxito o se recupera valor.


No es crédito, no es deuda ni un estudio jurídico encubierto.

Es capital de riesgo aplicado a conflictos legales.


Es capital de riesgo aplicado a conflictos legales.


El fondo gana solo si el caso resulta favorable. Si no, asume la pérdida. Ese alineamiento de incentivos es lo que permite que casos con mérito jurídico puedan avanzar sin que el factor financiero sea el que defina el resultado. Por eso, antes de invertir, los fondos realizan un análisis riguroso sobre mérito, riesgo, costos y probabilidad de éxito: cómo evaluamos un caso es clave para entender este modelo.


¿Por qué esto empieza a ser especialmente relevante en Chile?

En Chile, el uso del financiamiento de litigios aún no es masivo, pero el contexto empieza a hacerlo cada vez más necesario: arbitrajes relevantes, disputas contractuales complejas y contrapartes con capacidades financieras muy desiguales.


Para una PYME o una empresa mediana, enfrentar un arbitraje contra un actor grande puede significar inmovilizar recursos críticos durante años. Con financiamiento externo, esa carga se traslada a un tercero que está dispuesto a asumir el riesgo a cambio de una parte del resultado.


El efecto práctico es simple pero profundo: la cancha se nivela.


Más que financiamiento: acceso real

El aporte central de los fondos de litigación no es solo cubrir costos. Es permitir que el fondo del caso vuelva a importar.


Cuando el financiamiento deja de ser el cuello de botella, los conflictos pueden resolverse por sus méritos jurídicos y económicos, no por la resistencia financiera de una de las partes.


Eso es lo que está cambiando el juego.


Una nota final

El financiamiento de litigios no garantiza resultados ni elimina el riesgo. Lo que hace es introducir una variable que históricamente no estaba disponible para muchos demandantes: capital alineado con mérito jurídico.


Si estás evaluando si tu caso podría aplicar, revisa nuestras preguntas frecuentes sobre financiamiento de litigios.


En los próximos artículos profundizaremos en cómo se evalúan estos casos, qué criterios utilizan los fondos para decidir y qué riesgos reales existen en este modelo.


 
 
 

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